"1984 "y "Un Mundo Feliz" Dos novelas que deberían ser de lectura obligatoria en las escuelas



Echo la vista atrás, y recuerdo con cariño mi época de estudiante de bachillerato. Me vienen a la mente algunos profesores de los que tengo gratos recuerdos, y otros no tanto. Pasé buenos y malos momentos, y me acuerdo perfectamente que una de las cosas que menos me gustaba era el tener que leerme esos grandes clásicos de la literatura española como Don Quijote de la Mancha, o La Regenta,  entre otros muchos.

Muchos años después, y con la madurez por bandera (aunque no siempre) pienso que el que se sigan leyendo esas obras en las escuelas es muy importante, pero creo que va siendo hora de que algunas vayan siendo sustituídas por otras que puedan alimentar más el espíritu crítico-social de los alumnos, algo que les ayudaría sin duda alguna a entender mejor esta época loca en la que vivimos y, de paso, evitarse algún disgusto hablando más de la cuenta por Twitter.

Siempre he defendido que dos de las asignaturas más importantes en todo sistema educativo deberían ser la Filosofía, la cual debería implantarse desde los primeros años, y también la Historia, pero más que la historia de los hechos ocurridos, el comprender los motivos que llevaron a esos hechos. Pero al grano, que me enrollo. También creo que la lectura de una determinada obra y su posterior análisis y debate en clases es la forma más productiva de aprender, y siguiendo la tradición de las lecturas de los grandes clásicos, hay dos novelas que son de vital importancia leer si queremos comprender la evolución político-social del siglo XX y que concluye con esta maravillosa época en la que tenemos de todo. 

Evidentemente, hablo de las novelas distópicas "1984" y "Un mundo Feliz" dos obras tan antagónicas en su concepto de población manipulada como necesarias de leer, y que cual escrito de Nostradamus se tratasen,  han sabido reflejar la evolución político-económica-social de la historia más reciente.

¿PERO, QUÉ ES UNA NOVELA DISTÓPICA?



Seguramente estarás harto de ver en el cine grandes producciones ambientadas en épocas futuras con sociedades imaginarias. Así, a bote pronto, recuerdo la perfecta sociedad feliz de "Demolition Man" que funcionaba a base de prohibiciones, o el mundo apocalíptico de "Mad Max" o "Matrix". Ejemplos hay muchos, pues bien, una novela distópica no es más que una novela ambientada en un futuro imaginario con una sociedad ficticia. 

La mayor parte de las distopías describen sociedades que son consecuencia de tendencias sociales actuales y que llevan a situaciones totalmente indeseables. Surgen como obras de advertencia, o como sátiras, que muestran las tendencias actuales extrapoladas en finales apocalípticos. Las distopías guardan mucha relación con la época y el contexto socio-político en que se conciben. Por ejemplo, algunas distopías de la primera mitad del siglo XX o a mediados de siglo advertían de los peligros del Socialismo de Estado, de la mediocridad generalizada, del control social, de la evolución de las democracias liberales hacia sociedades totalitarias, del consumismo y el aislamiento.

"1984", EL GRAN HERMANO TE VIGILA... 




Seguro que todos conocen el programa de televisión "Gran Hermano" ese mismo que en España tenemos el "honor de disfrutar" desde hace casi 20 años. Desafortunadamente, muchos menos conocen que el término "Gran Hermano" proviene de esta genial novela. 

Publicada en el año 1949, muchos analistas detectan paralelismos entre la sociedad actual y el mundo de 1984, sugiriendo que vivimos una sociedad donde la información es constantemente manipulada, y se practica tanto la represión política como la represión social.

En la novela, todo gira alrededor del "Gran Hermano" el cual suple a todo personaje político: él es el comandante en jefe, el guardián de la sociedad, el dios pagano y el juez supremo. Es la encarnación de los ideales del Partido único y todopoderoso que vigila sin descanso todas las actividades cotidianas de la población, al punto que inclusive, en las calles y casas hay dispositivos de vigilancia para conocer todos los actos de cada individuo ("telepantallas"). Irónicamente, Orwell insinúa la posibilidad de que el Gran Hermano ni siquiera sea una persona real, sino un mero icono publicitario.

Está claro que lo primero que viene a la mente tras conocer esta sociedad imaginaria son los Estados Totalitarios o Dictaduras, donde todo el poder se concentra en una sola persona que no duda en establecer censuras y campañas de manipulación para preservar la estabilidad de su régimen. De modo que inmersos en un mundo donde parece ser que los estados democráticos han sabido afianzarse, todo parece indicar que esta obra ha ido perdiendo sentido. ¿O nó?

¿Acaso no tienes la impresión de vivir bajo una dictadura encubierta? En primer lugar, aunque el concepto de "Gran Hermano" pueda parecer un disparate, no difiere mucho del control y vigilancia al que estamos sometidos diariamente. Y todo ello gracias a los dispositivos de ubicación de tu teléfono móvil, a las cámaras de vigilancia de las calles, centros comerciales o estaciones de transporte público, a esas fotos que cuelgas en Facebook disfrutando de tu viaje o cuando estás de fiesta con tus amigos, que coño, incluso cuando pagas con tu tarjeta de crédito.

Y créeme cuando te digo que eso es sólo la punta del iceberg, porque este Gran Hermano es peor incluso que el de Orwell, ya que a diferencia de éste, nunca te percatas de que está ahí...

"UN MUNDO FELIZ", DALES TODO LO QUE NECESITEN Y NO TE CUESTIONARÁN 



Si ya acojona el pensar en las similitudes entre la obra de Orwell y la actualidad, este pavor aumenta si echamos mano a la novela de Aldous Huxley, y más sabiendo que se escribió en el año 1932, antes de la Segunda Guerra Mundial. Porque al contrario de lo que ocurre en "1984" la sociedad que nos presenta Huxley puede ser considerada como la perfecta sociedad utópica feliz. La humanidad es desenfadada, saludable, el avance tecnológico es imparable, y tanto las guerras como la pobreza han sido erradicados por completo. ¿A quién no le gustaría vivir en un mundo así?

Pero todo tiene un precio, y para conseguir esta felicidad ha sido necesario eliminar otras muchas cosas que, a mi juicio, a día de hoy también van perdiendo valor: no existe la diversidad cultural, ni el arte, ni la literatura, ni la filosofía, y ni mucho menos la familia (todos los ciudadanos son "engendrados" en laboratorios y predestinados a una labor específica, las mujeres toman obligatoriamente anticonceptivos, y las orgias desenfadadas están a la orden del día)




Además, para combatir esos estados de tristeza de los que nadie puede escapar, los ciudadanos disponen del "Soma", es decir, la pastilla de la felicidad. Y menos mal que se llama "Soma", porque si se hubiera llamado "Prozak" hubiera creído que Huxley era un clarividente infalible. 

¿HACÍA DONDE VAMOS? A LO PEOR DE LOS DOS MUNDOS. 





Al poco de publicar Orwel su novela, tanto él como Huxley intercambiaron interesantes cartas en las que básicamente discutían quién era el que tendría más razón sobre cómo sería la sociedad del futuro. Sinceramente, y para mal de todos, ambos tenían razón. 

Desgraciadamente, por una parte vivimos en un mundo en los que cualquier tipo de dato personal puede ser pirateado y usado para cualquier fin, en el que el Gran Hermano somos nosotros mismos al compartir todo lo que hacemos o decimos (como yo estoy haciendo ahora mismo). Pero al mismo tiempo, vamos profetizando el ocio multimedia que nos termina convirtiendo en propiedades de los objetos que creemos poseer: lo importante hoy en día es tener seguidores en YouTube, aunque para ello tengas que ir gastando bromas indeseables a los demás o hacer estupideces averiguando qué ocurre si te tragas una cucharada de canela en vez de ofrecer contenidos o consejos interesantes. La televisión solo ofrece programas donde el escándalo es lo que vende, y si no te gusta este mundo, siempre puedes convertirte en el salvador del planeta combatiendo virtualmente contra todo un ejército de extraterrestres a bordo de una nave espacial.


Sin darnos cuenta nos hemos convertidos en yonquis de la felicidad, y hay que tener muy en cuenta que la felicidad es como el agua de mar; cuanto más bebes más sed te provoca. Al igual que en el libro de Huxley, hoy en día parece ser que tenemos que ser felices a todas horas, ofreciéndonos para conseguirlo mayor multitud de herramientas que sí, puede proporcionarnos más distracción, pero nos vuelve cada vez menos humanos.




¿Y quienes ganan con ello? Los poderosos, aquellos a que no les interesa que se cuestione su posición. Los dueños de ese perro llamado "Pueblo" que siempre estará con actitud sumisa y moviendo la cola mientras su dueño le de una caricia y un trozo de pan. Aquellos que se sientan en sillones presidenciales diciendo representar a un pueblo pero que vela por sus intereses particulares mientras llena sus bolsillos a costa del sudor del trabajador. Aquellos que venden armas a los enemigos de sus enemigos. Aquellos que te quieren cobrar un impuesto por tener ese coche tan contaminante que ellos mismos te incitaron a comprar hace años. Aquellos que... bueno, creo que es fácil entenderme...

¿Ves ahora por qué no es interesante que estas dos novelas sean objetos de estudio en la educación obligatoria? Paras las clases dirigentes y esas grandes compañías que te ofrecen futuro a cambio de tu libertad sería como tirarse piedras sobre tu propio tejado... En serio, meditando sobre todo esto a veces he pensado que los más tontos son los más felices, ya que nunca se plantean o cuestionan nada. Es decir, que el secreto de la felicidad reside en la ignorancia, pero al poco recuerdo que la verdadera felicidad reside en amar la vida, y esta incluye momentos desagradables, como el ser consciente de estas opiniones que acabo de reflejar.












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